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Análisis del Tatuaje

ANÁLISIS DE RESULTADOS

 

 

El sujeto es un ser social, por ello es inamovible la apropiación de comportamientos en las personas a partir de su estructura social, y de la pertenencia a un grupo, en el cual se difumina la responsabilidad del individuo por las normas, los patrones de conducta impuestos por su misma sociedad a partir de su historicidad.

Como señala la sociología, el ser humano actúa de manera diferente de acuerdo al espacio donde se desenvuelve, al escenario que lo rodea, con respecto a la comunicación e interacción en sus supuestos de realidad.

El tatuaje es un símbolo que expresa, comunica y transgrede el comportamiento cotidiano del ser humano, manifestando en ciertos casos una desindividuación desde su condición de sujeto, al utilizar el tatuaje como símbolo de pertenencia a un grupo y alejándose de las normas sociales. Ejemplo claro de esto es el caso de los grupos delictivos como la Mara Salvatrucha, quienes inscriben en su cuerpo una marca que los hace parte de la banda delictiva, y los traslada al anonimato.

Su tatuaje es agresivo, es transgresor de las normas por donde sea visto, causa temor y el vínculo al que se entregan tan devotamente sus miembros es impresionante, tatuar una parte tan visible del cuerpo como es la cara, nos deja ver el grado de pertenencia, devoción, lealtad y compromiso que tienen con su grupo. Además de que al modificar su rostro con tinta negra, los miembros de la Mara Salvatrucha imprimen sobre ellos una nueva cara para ser vistos por la sociedad y por ellos mismos, se cargan de una nueva significación y automáticamente se vuelven más agresivos, más peligrosos, al ser más anónimos y difuminarse entre los del grupo como un igual.

Ahora bien, el acto de ponerse un tatuaje es tomado como un ritual de iniciación, y adoptado como un vinculo de pertenencia. Ésta práctica ha sido arrastrada desde las culturas primitivas o nativas, como señala el antropólogo Cesar Lombroso “el tatuaje es una marca de atavismo, y señala que los nativos son menos civilizados que la gente de la sociedad contemporánea”. Esto nos refleja que tomado desde esta perspectiva, el individuo tatuado delega su responsabilidad social a un grupo, el cual está ajeno a las normas sociales.

Otro punto determinante para el sujeto que decide tatuarse para formar parte de un grupo, es la fuerte discriminación de la que es víctima, la exclusión que se ha generado principalmente en los países Latinoamericanos hacia la gente que vive en los barrios pobres, esto los hace sumarse a un grupo transgresor en el cual pueden sentirse resguardados e identificados con sus miembros, al llevar a cuestas una historia de vida similar, portando consigo la idea de una especie de “venganza” contra el Estado y justificando su comportamiento infractor a partir de su situación económica.

Es decir, el individuo, ahora miembro de un grupo delictivo, forma parte de una estrategia planificada para realizar actividades transgresoras en contra del sistema social, y a la vez cumple con su necesidad de pertenencia al vincularse desde un contexto emotivo a su grupo, utilizando su insignia de distinción, que lo concibe como parte de la banda.

La transgresión de las normas nos lleva a la delincuencia, y podemos hacer un razonamiento tautológico con la asociación del observador ante un individuo tatuado, es decir, entre más tatuajes porte el individuo se vuelve un ser más peligroso, y a menos tatuajes es un sujeto más civilizado.

Recordemos a Mel Gibson en la película Corazón Valiente, cuando se pinta la cara antes de iniciar la pelea y persuade a los demás miembros de su grupo para que lo imiten, con la finalidad de intimidar a sus enemigos. Como señala Robert Watson “los guerreros que usan máscaras despersonalizadoras o se pintan el rostro tratan a sus víctimas de manera más brutal.”

Utilizando la ornamenta para intimidar al enemigo a la vez el sujeto se desindividualiza y delega la responsabilidad de sus actos a todo un grupo. Por una parte, ser más anónimos permite a los sujetos activar conductas de violencia más atroces por una “facilitación social” y por otra parte, permite difuminar la responsabilidad social que se tiene respecto a las normas “holgazanería social”, las inhibiciones normales desaparecen y tenemos a un grupo desindividualizado y agresor.

Los tatuajes se han vuelto una forma de expresión en la sociedad y claro está que comunican, de esta manera se conforman argumentos, significaciones a los símbolos tatuados y una nueva composición en ellos que puede ser tomada como código; y el que a su vez crea un vinculo social y puede relacionar a diferentes personas entre sí, por llevar el mismo símbolo plasmado en su cuerpo. Así pues vemos grupos sólidos que requieren de tal tatuaje para consolidar dicho vínculo.

Es imposible entender al hombre si no se entiende la sociedad, sociedad que está en constante cambio y transformación, tan es así, que no podemos hablar de una misma sociedad, pues los tiempos y espacios hacen que ésta sea diferente, el ser humano nace en una familia, primer representación de lo social, portadora y portavoz de lo que la sociedad va a exigirle a ese sujeto. Es por esto que todo acto del hombre, o encontrar al hombre en situación, es darnos cuenta de que la psicología social está presente y también es capaz de intervenir en cualquier momento, pues desde que el observador está ahí existe la capacidad de que sea un agente de cambio.

El tatuaje es un tema tan ambiguo e importante desde la significación que alcanza para un individuo. El cuerpo tatuado habla de un cuerpo propio, pero también atravesado por los “otros”, instituciones, experiencias, vínculos, relaciones de poder, etc. Da cuenta del paso de la vida en el sujeto, el tatuaje visibiliza la vivencia y las experiencias de manera indeleble, funciona como una memoria manifiesta.

La modernidad con su ideal de individualización, ha traído consigo crisis en sus instituciones, orillando a los jóvenes a crear nuevas maneras de vincularse y con ello adoptar diversas identidades. Con la finalidad de buscar formas de expresarse, identificarse y socializar, logrando crear sus propias instituciones, como lo son las identidades juveniles. Es a partir de esta búsqueda de identidad que el joven utiliza su cuerpo para expresarse, identificarse y sobre todo vincularse.

Sin embargo, es a partir de éste vinculo de identificación con el grupo que en las sociedades existe ya un gran auge de los grupos delictivos, pandilleros, crimen organizado, etc. que se sirven también de esta marcación para mediante el anonimato que les proporciona el tatuaje como identidad y lo numeroso que sea el grupo, delinquir y violentar a la sociedad.

La institución del cuerpo, como espacio de pureza y dominio, se ha modificado y ha tomado su rumbo, la sociedad permea a cada sujeto de un modo diferente y los grupos buscan ser instituyentes sociales con sus necesidades propias, entendamos que el mundo lejos de ser un todo con sus partes armónicas y unidas, es un caos, donde se lucha y muchas veces esa  lucha se significa y simboliza en el cuerpo, en lo más sensible y visible, la piel, sobre ella se inscriben toda una serie de significaciones que tienen una carga afectiva, que reflejan toda una serie de vínculos que se realizan con la sociedad, la familia, los amigos, el grupo, etc., vínculos que nos recuerdan que siempre seremos sujetos sociales.

El tatuaje tiene una dualidad bastante interesante, a la vez que puede dotar al sujeto de “existencia y diferenciación” lo comprime también en un grupo siendo el mismo tatuaje la identificación con el otro, mientras se porta la misma insignia que dota de pertenencia y vincula a los miembros, se genera la desindividuación a partir de las prácticas grupales y se refuerza el vandalismo a partir del anonimato que el tatuaje-insignia le da a los sujetos.

El individuo miembro de la pandilla olvida sus normas, aquellas que pudo otorgarle su institución primaria, la familia, y se deja arrastrar por sus peores impulsos.

Ser anónimo lo hace a uno menos autoconsciente y más sensible a las claves presentes en la situación, sean negativas o positivas.”[1]

La ornamenta del individuo es un punto clave para la práctica de actos negativos o positivos, el tatuaje en tinta negra distribuido en la piel del sujeto, connota una postura agresiva del sujeto, que se asume tanto por el individuo portador y por el observador ajeno.

Las personas sin autoconciencia y desindividuadas son menos reprimidas, menos autoreguladas, tienen mayor probabilidad de actuar sin pensar respecto a sus propios valores, son más sensibles ante la situación.

Cuando el ser humano no controla su entorno, consciente o inconscientemente, el cuerpo habla, se convierte en un lienzo de expresión, en un cinto.

Una práctica muy característica del individuo que se tatúa, hablando fuera del tema de vínculos que desindividualizan, es la carga afectiva de la que dotan al tatuaje los sujetos, a partir de una búsqueda de representaciones de sus experiencias, de su historia de vida, y ante la pérdida de un ser querido como una especie de “mecanismo de defensa”. Podemos explicarlo de esta forma, cuando existe una fractura en el vínculo con un objeto de amor, el yo como estructura psíquica trata de restaurar lo perdido, y el sujeto a través del tatuaje traduce esta energía de restauración para mantener viva la imagen del objeto de amor o ser querido, tratando de compensar la pérdida real. Donde el tatuaje se convierte en esa sobre envestidura que realiza el yo por mantener viva esa imagen del objeto amado.

Los sujetos transgresores suelen ser gente muy herida, con historias de vida frustrantes, y que necesitan de un recurso que soporte y externe su frustración reprimida, éste recurso puede ser el tatuaje, como un ritual para externar el dolor vivido.

El tatuaje como experiencia dolorosa puede funcionar pasando ese dolor que está en lo simbólico, trasladándolo a un plano real. Funcionando como una catarsis en el sujeto, donde todo ese contenido simbólico es traducido a lo real. Pues probablemente esta energía psíquica no se encontraba disuelta y a través del tatuaje como experiencia dolorosa sale a flote, pues el tatuaje puede ser una manifestación del trauma.

Y se genera una pauta decodificadora de señales, como el típico tatuaje de la lagrima a un costado del ojo, significa que el sujeto fue violado; la posición del tatuaje en la geografía del individuo también determina su significado, pues la lágrima tatuada significa dos cosas totalmente diferentes, la lagrima ubicada por debajo del lagrimal, significa que el individuo a cobrado una vida, una lagrima por cada persona que haya asesinado, mientras que a un costado, por la mejilla, significa violación.

De esta manera podemos ver al tatuaje como lenguaje y expresión de la subjetividad. Lo que nos lleva a la cadena de significantes que tiene el sujeto.

El tatuaje es una escritura social, y significa por el testimonio del propio sujeto, con él se producen símbolos y signos de marcación de grupos, marcas de pertenencia, vinculo presente desde una perspectiva imaginaria.

El tatuado se ha estigmatizado por las pandillas que como mencionábamos hacen parte de su vinculo al tatuaje, y por ello en la actualidad es imposible no estigmatizar a la gente tatuada con una asociación a la delincuencia, la cárcel, las pandillas, etc., dentro de una interacción social, con sus situaciones comunicativas, el metalenguaje agresivo que lo permea, el etiquetamiento social y la discriminación.

Es que la religión y el tatuaje, aunque muchos no lo crean (o no lo quieran) están estrechamente vinculados y positivamente. Mucha gente quiere manifestar su devoción a través del tatuaje.  La gente se tatúa para manifestar algo, transmitir ciertas cosas que queremos comunicar a los demás o guardarnos para unos pocos.

Lo importante es saber que esa imagen en particular sea la indicada para ser representada a través de un tatuaje. Ya que hay ciertas imágenes representa el origen y las raíces de la persona.

La intención de tatuarse reside en la devoción y el afecto que esta persona puede llegar a poseer en particular.  Así, ella misma, podrá elegir el diseño y el boceto ideal.

Sobre los  “tatuajes religiosos”  no es muy común verlos, pero no dejan de ser atractivos.

La principal preocupación de los líderes de las iglesias y de los padres de familia es lo que podríamos llamar “culpa por asociación”; es decir, que al ver a alguien usando tatuajes, lo asocian con actitudes reprensibles o con cierta clase de personas:

• Se asocia con la rebeldía o delincuencia

• Se asocia con los miembros de las maras y sus actitudes antisociales

• Hoy en día, los tatuajes más populares están relacionados con figuras oscuras, como demonios, serpientes o escorpiones, los cuales tienen un significado cultural común: glorifican la maldad.

los tatuajes son mal vistos por aquellos que piensan que marcar el cuerpo de esta manera propicia actitudes negativas.

Parte de la identidad humana es la necesidad de una religión, y durante muchos años cada religión se ha identificado con una imagen, algo así como su logo, y a pesar de que este acto es mal visto por la iglesia muchas personas han decidido tatuarse algún símbolo que involucra a la misma, pues hoy en día podemos observar a muchas personas que portan tatuajes de cristos,  santos, cruces o incluso pinturas que hacen alusión a algún pasaje bíblico; estas personas piensan que al tener esta imagen serán más devotos o más creyentes que las demás personas, muchos también se tatúan como compromiso , pues hicieron un manda al santo, o simplemente por querer ser parte de un grupo que quizá  sólo se tatúo por querer llamar la atención.

La falta de pertenencia hace que la gente busque opciones de hacerse notar entre la multitud.

El tatuaje es juzgado también dependiendo de quién lo porte, pues son es lo mismo que lo porte un artista a una persona común y corriente, esto sucede actualmente con las personas tatuadas devotas de  San Judas Tadeo, que se ha convertido en un santo muy “popular”,  lo cual ha marcado a un sector de la población pues no solo son personas que van a la Iglesia ubicada frente al metro Hidalgo, sino también que delinquen, son ahora en algunos casos símbolos de delincuencia, y si a esto le aumentamos que algunos de ellos  tienen tatuado a San Judas, siendo que el tatuaje es mal visto.

Esto se convierte en una clara discriminación hacia este grupo, con esto no queremos decir que todos los devotos a este Santo sean delincuentes o estén tatuados, sin embargo son símbolos que la sociedad ha identificado así por atracos que han tenido relación con personas de este sector.

Con las personas que tienen tatuada a la Santa Muerte ocurre lo mismo, son presa de las miradas de la sociedad, una sociedad que predetermina arbitrariamente si una persona es delincuente o no por su aspecto físico o social.

Los tatuajes son una forma de expresión con los cuales se predetermina a que grupo pertenece, por lo regular es mal visto socialmente, hay un prejuicio que desencadena una serie de actitudes como es la agresión e algunos casos.

La incorporación de valores tiene también mucho que ver pues la mayoría de las veces los padres de los chicos tatuados no están de acuerdo pues dentro de sus costumbres no está aceptado ningún tipo de marca en el cuerpo y mucho menos si en algunos de los casos es la imagen de la Santa Muerte a menos que su familia sea también devoto de ella, o por el contrario sea una imagen diabólica, con lo cual sería aún más criticada la persona, sería visto como transgresor de la religión.  Pero no nos ponemos a pensar en lo que llevó a tatuarse esta imagen a la persona.

Y como no lo dijo el Dr. Payá, cada individuo es diferente y por lo mismo los significados en los tatuajes varían de uno a otro a pesar que sea quizá la misma imagen, sin embargo lo que no es lo mismo, son las circunstancias que lo llevaron a tatuarse, el lugar en el cuerpo en el que se tatúo, e incluso la manera en que realizaron el tatuaje.

La personalidad hilado a la conducta y a un tatuaje son vistos socialmente en ciertas ocasiones como agresoras de lo visual, pues no están de acuerdo con esta acción.

La influencia de personas de un  determinado sector han orillado a otras que quieren ser parte de ellos a tatuarse como símbolo de unidad y de identidad, el querer ser observados sea cual sea el juicio que tengan del tatuaje los hace presumir más e incluso realizarse más tatuajes, esto en el caso de grupos sociales, sin embargo algunas personas lo hacen por estética, aunque el fin es el mismo, ser observados.

 


[1] Myers, David. Psicología Social. Cap. 9 Influencia Social, pp.319

 
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Publicado por en junio 5, 2011 en Análisis del Tatuaje